La genética pesa en el peso corporal, pero no decide sola. Un análisis de 14 cohortes longitudinales de gemelos, publicado en la revista Diabetes, Obesity & Metabolism, vuelve a poner cifras a esa influencia. Entre el 40% y el 70% de la variación del IMC entre personas se atribuye a factores genéticos. Aun así, los hábitos, el sueño y el movimiento siguen siendo decisivos en cada caso.
Cuánto pesan los genes en el peso
Los estudios en gemelos son la mejor forma de separar lo que aportan los genes de lo que aporta el entorno. Cuando los gemelos idénticos, que comparten casi todo el ADN, se parecen más en peso que los mellizos, la diferencia se atribuye a la herencia.
Un trabajo reciente en Diabetes, Obesity & Metabolism reunió datos de 14 cohortes longitudinales de gemelos para ver cómo cambian el IMC y el peso de los genes con la edad adulta. Es un estudio observacional, así que muestra asociaciones y no causas directas.
Varios metaanálisis con este tipo de datos han estimado que entre el 40% y el 70% de la variación del IMC se debe a la herencia. El porcentaje exacto cambia según la edad, el país y el estilo de vida. Esto explica, en parte, por qué dos personas con la misma dieta y el mismo ejercicio tienen pesos distintos.
El gen FTO y la sensación de saciedad
Uno de los genes más estudiados es el FTO, conocido popularmente como «el gen de la obesidad». Se encuentra en el cromosoma 16 y tiene variantes que se asocian con mayor masa grasa.
En 2014, JAMA Pediatrics publicó un estudio titulado «Satiety mechanisms in genetic risk of obesity». La investigación exploró cómo las personas con variantes de riesgo del FTO perciben la saciedad. La saciedad es la señal de «estoy lleno» que envía el cuerpo al comer. Los autores describieron mecanismos por los que esas variantes podrían dificultar esa señal y favorecer una mayor ingesta.
Qué significa esto en la práctica:
- La presencia de la variante de riesgo no garantiza la obesidad.
- El efecto es modesto a nivel individual.
- Quienes la tienen pueden compensar con hábitos que refuerzan las señales internas de hambre y saciedad, como comer sin pantallas y masticar despacio.
Distinguimos siempre asociación de causalidad: tener la variante se relaciona con un mayor riesgo, pero no lo causa de forma inevitable.
Otros genes con influencia en el peso
El FTO no está solo. Hay decenas de variantes genéticas que interactúan con el peso. Tres familias son las más conocidas:
- MC4R: sus mutaciones son de las pocas causas claramente monogénicas, es decir, que por sí solas pueden producir obesidad grave desde la infancia.
- LEP y LEPR: codifican la leptina y su receptor, una hormona que informa al cerebro de la cantidad de grasa almacenada. Las mutaciones raras pueden producir obesidad de aparición muy temprana.
- ADIPOQ: relacionado con la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de grasas.
En la mayoría de los casos, la obesidad en la población general no se explica por un solo gen. Se explica por la combinación de muchas variantes pequeñas, cada una con un efecto débil. Eso se llama herencia poligénica.
El caso español
La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y otras sociedades científicas insisten en que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, no un fallo de voluntad.
Según los datos de la OMS, en 2022 alrededor del 43% de los adultos del mundo tenía sobrepeso, y la cifra no deja de crecer. En España, las principales sociedades médicas y los datos publicados coinciden en que el sobrepeso y la obesidad se mantienen elevados. Preocupa su relación con diabetes tipo 2, hipertensión y algunos cánceres.
El contexto importa porque la genética no se manifiesta igual en todos los entornos:
- La abundancia de alimentos ultraprocesados potencia la predisposición genética.
- Vivir en ciudades que permiten caminar o ir en bicicleta modera ese efecto.
- Dormir mal o tener estrés crónico amplifica la carga genética.
Qué sí puedes hacer, con o sin predisposición
Los genes no son una sentencia, pero sí una pieza del puzle. Lo que mejor funciona según la evidencia:
- Comer con regularidad y sin pantallas, para reconocer las señales de hambre y saciedad.
- Priorizar alimentos frescos: verduras, legumbres, fruta, proteínas magras y grasas de calidad, como el aceite de oliva o los frutos secos.
- Reservar los ultraprocesados y las bebidas azucaradas para ocasiones puntuales, no para el día a día.
- Mover el cuerpo a diario, incluso con paseos de 30 minutos. Combinar fuerza y cardio mejora la masa muscular y el metabolismo en reposo.
- Dormir entre 7 y 9 horas y tratar de cenar pronto. El sueño corto y desalineado favorece el hambre y el almacenamiento de grasa.
- Pedir ayuda profesional si el peso afecta a la salud o a la calidad de vida, en lugar de probar dietas extremas por tu cuenta.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene consultar con un equipo sanitario si se cumple alguna de estas situaciones:
- El índice de masa corporal está por encima de 30 o sube de forma sostenida sin causa clara.
- Aparecen señales de alerta como cansancio extremo, sed constante, picor en la piel, ronquidos fuertes con pausas al respirar o dolor en el pecho con el esfuerzo.
- Se siguen patrones de atracones recurrentes o se vive con preocupación constante por la comida.
- Hay antecedentes familiares de diabetes tipo 2, hipertensión o colesterol alto.
- Los intentos por perder peso por cuenta propia se repiten una y otra vez sin mejoras duraderas.
Un equipo formado por médico, nutricionista y psicólogo puede estudiar el caso completo. La genética carga una parte, pero el metabolismo, las hormonas, los hábitos y las emociones también pesan.
Preguntas frecuentes
¿La obesidad es hereditaria?
La obesidad tiene un componente hereditario importante, pero no se hereda como el color de ojos. Lo que se transmite es una predisposición a ganar peso que, según el entorno, se manifestará más o menos.
¿Cuánto influye la genética en el peso?
Los estudios en gemelos cifran la parte genética de la variación del IMC entre el 40% y el 70%, según la población y la edad. El resto depende del ambiente y los hábitos.
¿Sirven los test genéticos para adelgazar?
Hoy por hoy, los test genéticos de consumo no cambian el plan de tratamiento avalado por la evidencia. Pueden orientar, pero no sustituyen el trabajo con profesionales de la salud.
¿Se puede adelgazar con predisposición genética?
Sí. Con un plan adecuado de alimentación, movimiento, sueño y, cuando hace falta, apoyo psicológico y médico, las personas con predisposición genética también pierden peso y, sobre todo, lo mantienen.
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